En una entrada anterior mencionamos las distopías, esas historias que nos plantean futuros mundos imperfectos, más imperfectos aún que nuestro propio presente.
En esta nota de Retina, el autor nos trae a uno de los super clásicos del género, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, como punto de partida para una reflexión sobre nuestra relación con nuestros teléfonos celulares y la tecnología de las pantallas en general.
En esta nota de Retina, el autor nos trae a uno de los super clásicos del género, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, como punto de partida para una reflexión sobre nuestra relación con nuestros teléfonos celulares y la tecnología de las pantallas en general.
Tecnofobia y realidad: ¿un mundo feliz?
Aldous Huxley temía un mundo anestesiado por interfaces audiovisuales.
El futuro está por escribir. Y ya sabemos a dónde no deberíamos ir
Madrid 25 NOV 2018 - 09:43 CET
El amor y el recelo hacia la tecnología se alternan a la hora de gobernar el pensamiento predominante. Internet no es la respuesta; Diez razones para borrar tus redes sociales; El filtro burbuja; Atrapados; People vs Tech; La locura del solucionismo tecnológico; Una historia crítica de Internet…
Todos ellos títulos de libros que pueblan las listas de éxitos de librerías físicas y virtuales; todos ellos muestras precisas del tecnofóbico espíritu que parece anunciar esta época y que contrasta con el optimismo/utopismode hace apenas diez años.
No es un debate nuevo. Desde el Neolítico (año arriba o abajo), el ser humano vive permanentemente entre las tensiones provocadas por el progreso y su resistencia a cambiar.
Y tampoco es un debate extraño. Los móviles se han convertido en la interfaz predilecta con la que nos relacionamos con nuestro entorno. Tanto es así, que contenidos de todo tipo se adaptan cada vez más para poder ser consumidos a través de ellos.
Nunca está de más recordar que Aldous Huxley temía un mundo anestesiado por interfaces audiovisuales, en el que no habría necesidad de censurar libros porque nadie estaría interesado en ellos y en el que verdades sin interés se ven eclipsadas por falsedades emocionantes.
El futuro está por escribir. Y casi es mejor que sea distinto al presente.

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